Colombia: tropezando con sus mismos pies

Por Gabriela Zarama.

Hoy en la comisión V los senadores se encontraron con una piedra en el zapato que dificulta la reforma del agro. Retomando las palabras de la presidenta Mendoza en su discurso de inauguración y también robándome algunas ideas presentadas por el senador Patiño, nuestro país tiene características culturales que nos impiden la posibilidad de reformar efectivamente nuestro campo.

Mientras nos encontrábamos en la discusión del proyecto de la ministra Mazzanti (la cual, vale mencionar, tuvo una moción de censura fallida), que habla de, entre muchos otros factores, la posibilidad de que los campesinos presenten quejas vía internet y que usen el compostaje como energía, me topé con dos preguntas principales: ¿cómo vamos a hacer con la corrupción? y ¿qué tiene que ver esto con la paz? Como pueden ver, nuestra cultura violenta nos traba y hace que reformas tan innovadoras sean irrelevantes frente a nuestros problemas y, por ende, difíciles de cumplir. Mientras que en otros países se anda promoviendo propuestas para limpiar los océanos en 10 años o convertir nuestra materia fecal en agua y energía, Colombia se tiene que quedar atrás, discutiendo sobre una guerra que empezó hace más de 50 años e intentando desamarrar un nudo que cada vez parece más enredado.

Ver como el mundo avanza y mi país se queda atrás, sólo me demuestra con más claridad la necesidad que tenemos de llegar a la paz. Aunque me entristece ver como nos quedamos atrás, tenemos opciones: por un lado, podemos ignorar estas reformas y aumentar nuestro atraso para enfocarnos en solo distribución de tierras y la solución de nuestros problemas presentes y pasados. Por otro lado, podemos intentar malabarear estas ideas innovadoras con las reformas que se harán, para evitar un próximo atraso en el futuro. Ahora, le pregunto a usted, ¿cuál camino deberíamos seguir?

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